miércoles, noviembre 17, 2010

Diarios de Brooklyn

2 de diciembre: A Yulka, mi casera, le han operado de una rodilla. Dentro de dos semanas estará de nuevo tendiendo la colada en su "yarda" La última que hizo fue blanca y resaltaba mucho con el gris de diciembre. M.declaró saliendo de su casa que aunque el doctor le haya prohibido operarse del espolón se lo operará de todos modos. Le contesté que no podía operarse sola y se molestó.

5 de diciembre: He vuelto a pintar la casa, me gusta ir pintando. Los colores hacen las veces de diferentes casas dentro de la misma. Es una agradable sensación de ir viajando y de cambiar el aspecto de las cosas. Espero impaciente el día en que se puedan pintar también a las personas. Empezaría, sin duda, pintándome a mí.

7 de diciembre: El día soleado y sin niebla me ha permitido ver a mi vecino desde la ventana que da a las pequeñas "yardas" Tiene sobrepeso y lleva unos pantalones tan ajustados que me ha hecho pensar en la traducción al español de "camel foot" ("pie de camello" el aspecto de una entrepierna de mujer cuando va muy ceñida y lleva los pantalones más arriba de la cintura)

8 de diciembre. Es muy difícil encontrar aparcamiento en este barrio (Ridgewood, Brooklyn) y, como la gente lo sabe, se vuelve salvaje. En Washington Heights le pegaron un tiro a una mujer que le quitó el aparcamiento a alguien (si hubiera sobrevivido la habrían invitado a un talk show para que se vengara). No sé si han puesto velitas en ese lugar o si las han encendido en un sitio donde esté prohibido aparcar para que la ira de los demás no las apaguen. Siguen la tradición que piensa que los muertos permanecen un tiempo en el lugar donde murieron. En este caso, el fantasma de la mujer permaneció unos días frente a la bodega dominicana Evelín, en la calle Saint Nicholas.

10 de diciembre. La tormenta de nieve me ha animado a escribirle un email amistoso a R. M. No he leído nada suyo pero no se lo he confesado. Se hubiera molestado porque ella pensará que todo el mundo que se dirige a ella sabe lo que ha hecho. Nunca me atrajeron sus rizos. Si llevara el pelo liso seguramente conocería algo de su biografía.

11 de diciembre. He tenido una revelación: el tiempo no existe. Pero ya es tarde, rompí todas mis fotos antiguas. No tenía más de cinco o seis pero eran un testimonio de que no siempre tuve la misma edad (aunque la gente no es tonta, se da cuenta)

12 de diciembre. Las personas con vicios gestuales semejantes aparecen en la vida de uno en grupo y de repente. En las últimas semanas no hacen más que entrar en mi vida personas que al hablar dan la vuelta al ojo. Una es Suna, coreana; otra es Stephania, hija de Yulka.

13 de diciembre. He vuelto a escribir a Vila Matas. El me contesta con frases muy cortas y su tono es más bien despreciativo, soberbio. Sin embargo, eso no me frena. Seguramente, dentro de dos semanas me sentiré mal por haberle perdido el respeto a mi amor propio.

15 de diciembre. F.me ha confesado que M.me regalará para Navidad calcetines. Y como los compraba él me preguntó por anticipado si los quería oscuros o blancos. La verdad, los dos me gustan.

16 de diciembre. Imagino que Yulka ya se ha recuperado. La he visto a través de la ventana de la cocina tender una colada de ropa de color. Nos hemos saludado superando la barrera de la altura. Me ha dicho que ya está mejor "pero que tiene que tender la ropa" El hecho de que use muchos infinitivos en inglés me despista.

20 de diciembre. Cada vez viene menos gente al flamenco. Una de las bailarinas es también traductora, lo he sabido cuando se ha quitado el vestido de lunares. A su novio no le gusto, me mira de reojo y sus sentimientos hacia mí hacen ruido, me arañan la cara y me empujan. Seguramente piensa que su novia me atrae y que por eso apunto su dirección. El tampoco me gusta pero no hago ruido, sólo voy y vengo con vasos en la mano.
R.M. no me ha respondido. Me siento tranquilo pero temo que a la próxima tormenta de nieve le escriba diciéndole algo desagradable.

24 de diciembre. Todos el mundo se ha puesto de acuerdo en regalarme calcetines. ¿Será que camino raro?
La cena de Navidad en casa de Margot (todavía no sé si es Margó, Margotte o Margot, hoy se lo he preguntado pero se ha echado a reír y cuando ha terminado la conversación ya iba de otra cosa, así de rápido se suceden las fotografías y los gestos en la cena de Nochevieja) Rubén está mucho más gordo, tanto que sufría al verle caminar o levantarse. No se lo he dicho para no animarle a que vuelva a hacerme magia negra. La muñeca que tenía en el altarcillo de su cuarto ya no está. Se habrá podrido porque la última vez que la vi, la pobre estaba quemadísima. Y es que esa muñeca recibe los daños que él desea a los demás o algo así. Comoquiera que sea, le veo más gordo pero no se lo he dicho, es más, he puesto cara de pensar que le veía más delgado, por miedo a lo que he dicho antes. También estaba el Tigre. Creo que ya tiene cien años. Me ha preguntado “qué me cuento” pero no sabía qué contarle, así, de repente. Sonia la “psíquica” y su hija cenaban con nosotros pero como la mesa es muy pequeña para todos lo hicimos por turnos. Ella no me tocó en el primer turno y su hija tampoco me tocó. Al principio pensé que la hija era lesbiana por su cuerpo, su manera de andar y su cara pero después Ruben me dijo que sufrió la polio de pequeña y por eso tiene ese aspecto. Por reirse de ella el año pasado, César no fue invitado. Todos los años oímos que invita a César porque no tiene familia. Y César hace intervenciones desagradables contra la vida de los demás y la gente se arrepiente de haberle invitado. Sonia vio que César hizo comentarios jocosos de su hija y no quiso tenerlo presente el día de Nochevieja. F.no abrió sus regalos, todavía no sé por qué pero hice lo imposible para que lo hiciera.

25 de diciembre. Willie y Diego, los vecinos de M, irán como cada año a intercambiar regalos. A Diego le dio hace poco una embolia pero parece que la va superando. Le sustituyeron una venita del corazón por una del pie. Dice que cuando piensa en su pie le provoca ansiedad. El médico le ha dado una cita para el año que viene. Le ha dado un año más de vida. Le ha ordenado que regrese en un año. Si le apetece morirse no podrá. A Willie no le ha dado nada, por lo que su sonrisa tendrá el mismo aspecto que los otros años.
Simone Rosi ya no canta karaoke en el Chateau Brazil de la calle 30 en Astoria porque se peleó con una amiga que fue a verla y a mitad del show le pidió a gritos (y en portugués, para que lo entendieran todos) que le devolviera el dinero que le debía. Antes, Simone Rosi no es lo famosa que es hoy en Astoria por lo que se dedicaría a pedir dinero a las amigas que entonces parecían muy dispuestas a ayudarla. Ahora que es famosa lo que quieren es hundirla para que les siga pidiendo. El dueño está harto de que la gente se pelee. Yo intuía ya que el aparente bienestar de Simone contenía peleas inesperadas que revelarían parte de su pasado mendicante.
Mañana, mi hermana se irá de Vishakapatnam hacia Putiparti y Bangalor.
Todo sigue su curso.

31 de diciembre. Me gustaría ser como Noam Chomsky, encontrarme delante de un auditorio de ojos redondos en una universidad americana (la de Michigan, por ejemplo), provocar con mi espera desde el púlpito de las palabras un silencio sepulcral e iniciar mi discurso así: “Veréis, muchachos, las cosas son así...” Y tener razón. Me gustaría tanto saber que tengo razón. No tartamudearía, no se me trabaría la lengua, no se me haría un nudo en la garganta. Tendría en mi boca el convencimiento de las cosas y el ánimo de organizar el universo de ideas de los demás con una sonrisa de paz y armonía. Las palabras, como digo, fluirían desde el cauce tranquilo de mi saliva. Después del discurso, volvería a ser yo, no conviene quitarle la personalidad a nadie durante mucho tiempo.
La ex monja (orden Mariana) vecina de J en Garrofers se ha personificado en casa de J. para declararle su amor. Horas más tarde ha bajado su novio a pedirle a J el sacacorchos. Al cabo de dos días, Jaume colgó en la puerta de J un calcetín con motivo de las Navidades. J. al verlo se dijo que lo quitaría en cuanto regresara de la compra y cuando regresó, Auxie (María Auxiliadora), la vecina lo había llenado de bombones y había colocado el viejo sacacorchos. J está cansado del papel que está haciendo para mi novela.
En el flamenco habían contratado a una mujer nueva en el puesto de lavaplatos. Declara conocerme de algo. Ella es de Bilbao pero yo no la conozco de nada. Sí me suena su cara pero lo que me suena es una especie de plano, una organización en la cara antes de que empezaran a colocarle los órganos. Me suena tanto su cara como me sonaría un edificio en construcción. Su cara me remite a otras caras. O quizás es su manera de estar mirándome, o su cerebro tramando una conversación conmigo.
Cuando nos dicen que subamos unos bultos al altillo resultaba ser que los bultos eran suyos, de la vasca. Rápidamente vino para cerciorarse de que los tratáramos con cariño (por su peso los odiamos intensamente). Eran todas sus cosas personales, lo supe por el olor y por la desesperación con que habían sido embotelladas en aquellos sacos. Le pregunté si se estaba mudando y allí aprovechó para contarme la historia de su vida. Historia llena de misterios (tanto reales como de redacción ya que no se explicaba muy bien) que consideró deberían iniciarse con la siguiente frase: “Yo tengo dos casas en Francia” Me bastó oír esa frase para saber:

1. Que no sólo no tiene dos casas en Francia, sino que no la tiene ni en Nueva York.
2. Que su vida es un relato desesperado con un misterioso fin.
3. Que podría ser cualquier cosa.
4. Que tanteaba mi ingenuidad.

Efectivamente, la habían dejado sin apartamento. Prosiguió con un relato sobre un bloqueo de sus cuentas bancarias, de un complot mundial sobre su persona porque resultaba ser traductora del gobierno o que la utilizaban como intermediaria entre el gobierno y el partido nacionalista vasco. Bien fuera por las prisas a contarlo todo o por defecto de redacción lo que pude colegir de ella fue:

1. Es vasca, tiene un doctorado en lingüística que se ha sacado no hace mucho en una universidad francesa. El doctorado se lo sacó en algo relacionado con la lengua que la madre transmite a sus hijos o algo así, me pesaba mucho su maleta y no quería hacerle repetir nada.
2. Habían bloqueado su cuenta bancaria, le habían echado del apartamento y dormiría con Shorty en la sala de flamenco. Le dieron un trabajo de lavaplatos. Ya había trabajado antes de eso por 160 dólares a la semana. “El problema es de los ilegales” –dice-
3. Su coche salió en la portada de un periódico vasco, confiscado. Ella se dirigió a un ministerio y cuando dijo lo del doctorado en Francia todos se echaron a reír. Están anulando su identidad.

Lolo quiso pegar a Jorge por no pagar el alquiler y Jorge se hizo con una cadena por si subía. Jorge se siente humillado por el miedo que me deja entrever pero me confiesa que es un monstruo peleando. Una vez se peleó con cinco y los cinco se asustaron mucho. Me ilustró a grandes rasgos la pelea. “Pa, pa, pa” y Jorge acabó con los cinco. Así hará con la cadena y con Lolo, si sube. “Pa, pa y pa” No obstante tiene miedo, se lo leo en los ojos aunque su boca sea valiente.

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