miércoles, noviembre 03, 2010

Dos muchachas victorianas


Dos muchachas victorianas, pálidas y de aspecto cansado, atravesaban un bosque de árboles altos, neblina y nieve, sobre un caballo. A cierto punto encuentran un lugar encuentran un campamento vacío donde parece haber pasado algo. El caballo relincha y no quiere entrar. Las muchachas se bajan del caballo y tomandole de las riendas se adentran en el campamento. No hay nadie y una de ellas tiene una especie de visión, la visión de una mujer muerta. Hay huesos clavados en los troncos de los árboles, a modo de reseña y, en el fondo, una mujer india de espaldas vestida de rojo que al llamarla lo único que dice es una parábola: “Antes de matar al niño una hermana mata a la otra” (refiriéndose a ellas dos) Les da un amuleto y se va majestuosamente, dejando a las dos chicas algo perplejas. El caballo vuelve a relinchar y a levantarse sobre sus dos patas. Tratan de sujetarle pero el caballo empieza a correr. Las dos muchachas góticas le persiguen pero es inútil. Entonces una de ellas pisa una trampa que casi le atraviesa la pierna. La sangre brota y la otra le dice que cuente a diez y que antes de que termine habrá llegado ella con ayuda. Se fue a buscar a la india de rojo al campamento pero la mujer ya no estaba. La de la trampa se desespera cuando llega a cincuenta y grita al ver a un indio con un hacha y un perro. La otra le da un garrotazo por detrás pero el indio la inmoviliza con un látigo y queda tirada en el suelo. El indio resulta ser bueno, le libera de la trampa y aplica un puñado de hierbas en la herida. Después le desenrosca el látigo del cuello a la otra y las dos muchachas se levantan para ver al indio marcharse con el perro. Desde cierta distancia el indio les indica con la cabeza que le sigan.
Les lleva a un lugar tipo castillo, cercado por unas vallas y protegido por una puerta grande y gruesa. Un hombre harapiento y muy harto de todo la abre después de asegurarse por la mirilla de que sea alguien que conoce. El indio pasa sin presentar a las muchachas y ellas se quedan ahí intercambiando miradas suplicantes con el otro. Al final las deja entrar. El lugar está poblado de hombres normales pero un poco fuera de quicio. Un par de ellos son militares y parecen estar al mando. Hay también un cura que habla del infierno y un médico que le cura la herida con dos sanguijuelas.
Les designan una habitación y una de ellas, al oír a un niño gritar se adentra en un escondrijo dentro de la misma habitación. Ve a un niño llorando de espaldas y cuando se acerca su cara es monstruosa. Ella se asusta, despierta a la hermana y le obliga a que se levante.
Quieren salir de la fortificación pero el militar se lo impide poniéndose muy agresivo. Para entonces, ellas ya han abierto la puerta un poco y una horda de seres extraños tratan de abrirla a empellones. Tratan de impedirlo y dos hombres son engullidos por esos seres.

Me quedé dormido y sólo despertaba cuando oía gritos de personajes en apuros. Al abrir los ojos un monstruo engullía a alguien o lo perseguía. En otra escena, las dos muchachas escapaban por el bosque y una de ellas parecía infectada y le decía a la otra que acabaría matándola. Se encuentran con la india de rojo y les recuerda lo que les dijo. Le piden ayuda pero es imposible, es una maldición y lo lleva en la sangre.

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