lunes, noviembre 15, 2010

El bolso de Suna


Suna estaba en contra de los que defendían a los animales porque todos ellos iban en contra de su bolso de Louis Vuitton.
- Yo cuando lo compré ya estaba muerto y, además, ¿por qué seis mil dólares? Carísimo.
El hecho de que el bolso fuera caro no le impedía comprarlo pero estaba en su derecho de quejarse. Es más, su cara estaba perfectamente adaptada a la queja.

Suna era la mujer de el encargado y dueño del restaurante. Era coreana y a veces traducía literalmente de su lengua. Cuando decía frases cortas y contundentes parecía que estuviéramos viendo una película de Bruce Lee en su versión original.
Marlene era la camarera y la admiraba tanto que, sin querer, la imitaba. De haber tenido la salud económica de Suna habría vestido exactamente igual que ella. 
Marlene se interesó mucho por el bolso y los argumentos que le dió Suna para comprárselo, tan frágiles como un "vale la pena" la convencieron en seguida.

Pero Marlene en realidad no quería el bolso, quería ser Suna llevando el bolso. Una vez dueña de ese bolso Marlene no sabría bien cómo llevarlo para sacarle todo su provecho, para sacarle todo el partido a ese "vale la pena".
Consiguió el bolso por mil dólares en Ebay y en cuanto lo recibió no pudo esperar a llevarlo al trabajo.

Lo dejó detrás de la barra, con la delicadeza del que lleva una persona a dormir. En el transcurso de la noche, el bolso cayó al suelo. En el suelo nadie hubiera dado más de veinte dólares por él. El lugar exacto de ese bolso era un escaparate.

En cuanto lo vió allí tirado, Marlene suspiró tan profundamente que casi se aspira a sí misma dejando fuera los ojos. Lo rescató del suelo con temor a romper su frágil esqueleto y le quitó el polvo con el mismo cuidado con el que un cirujano extrae un tumor cancerígeno. Así fue como Marlene impidió que el polvo se propagase por todo el bolso.

Cuando terminó la noche y ya habíamos recogido todo, Marlene se sentó en la barra frente a Suna para que ella la viera con su bolso nuevo. En ese mismo momento, Suna le invitó a salir a la calle a que viera aparcado frente a la puerta su nuevo Jaguar descapotable.

Marlene miró al suelo con su bolso colgando del hombro con tan poca gracia que parecía que estuviera cargando un rifle.
Seguramente no vendían Jaguars descapotables en Ebay.


1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Seguramente tuvo ganas de matar a Suna en ese momento... pero todo era parecerse o ser como Suna era, lo unico que le hacia falta al no poderselo comprar en Ebay, pues seguro penso quizas lo venden en Amazon.com

Saludos Romek...

Siempre tuyo

12:25 a. m.  

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