martes, noviembre 09, 2010

El lago de Laussane


Ricardo tiene un amigo que conoció a un hombre una noche, cerca del lago de Lausane. El hombre era rico, tenía un barco, echó el ancla y se adentró en la espesura del bosque. Allí se encontraron, acercándose uno al otro, haciendo crujir las hojas secas.

Los dos se gustan mucho. Son capaces de hacer cualquier cosa. No hay nadie más en ese bosque, sólo ellos dos, la adrenalina y algún extraño animal haciendo gorgoritos desde un árbol.

El hombre que tiene un barco, le propone al amigo de Ricardo ir hasta él. El amigo de Ricardo accede. Total, es sólo un barco. Además, para eso está. Si después se arrepiente siempre puede saltar.

Tienen que subir a bordo y para ello  es necesario dar un considerable salto. El amigo de Ricardo nunca ha saltado de tierra firme a un barco. Nunca ha conocido a un hombre con un barco de noche, en el lago de Laussane. Es más, apenas ha saltado a ninguna parte. Nunca había sido nadie.

La excitación del momento, la novedad y el deseo impulsan al amigo de Ricardo a dar el salto. El hombre le ofrece la mano, él se la queda mirando. Su mano bajo la luz de la luna, plateada y algo vieja. Pero no le hace falta. Dobla un poco las rodillas, se da impulso y vuela un poco.

El hombre sube el ancla, enciende los motores y se alejan rugiendo lentamente. El hombre estaba ya en su casa y el amigo de Ricardo se alejaría de ella. Con ese sonido de fondo se imaginaba el amigo de Ricardo follando con el hombre y esas imágenes se le antojaron horribles.

Al cabo de pocos minutos, el hombre apaga los motores. El amigo de Ricardo siente como el silencio del aire mece y transporta el barco, sin rumbo. Flotan en el agua. Flotan en el agua, como una hoja. Como dos hojas, Dios mío, piensa el amigo. Y le embarga una náusea acuática.

Entonces el hombre se acerca al amigo de Ricardo, de pie en proa, mirando a lo lejos, hacia donde se habían conocido: tierra firme, tierra segura.

El hombre le abraza por la espalda y le susurra al oído: “Romántico, ¿no?”

El amigo de Ricardo no dijo nada o dijo un sí trémulo y agudo, como si  hubiera soplado a través de una flauta dulce: temía por su vida.

3 Comentarios:

Blogger Silvi Rivoira dijo...

Nadie le hablo de las ventajas de lo incierto?

1:54 a. m.  
Blogger El GatoPardo dijo...

"Flotan en el agua. Flotan en el agua, como una hoja."
Me recordó de pronto al payaso Pennywise, de King cuando decía desde la cloaca: "Aquí todos flotan" una vez enseñando el globo cargado de helio. Y es así, en estos tan personales mundos cibernéticamente creados, todos flotamos,sólo que de un lado a otro. Sí, flotamos, tal vez esperando que aquello fuera del globo desaparezca, o al menos no se perciba.
Como sea, creo que no tiene sentido.
Un abrazo...

4:23 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

REALMENTE ME SENTI COMO EL AMIGO DE RICARDO, NUNCA ME HE SUBIDO A UN BARCO...

4:22 p. m.  

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