martes, noviembre 02, 2010

La aventura de un fármaco


Caminaba por la Avenida 37, desde la calle 88. Venía de cenar con M. Tenía el estómago lleno y quise cambiar la ruta. Ir siempre por la 35 me aburre. En la calle 85 giré y fui hasta la Avenida 35 y se me despertó un instinto. Eran las once de la noche y aunque no había mucha gente sentí que debía pasear. A mitad de la 85 había una pareja que estaba supuestamente abrazandose, apoyados en un coche. A medida que me iba acercando las imágenes me llegaban con mayor nitidez. Sí, estaban abrazados pero ella estaba de espaldas y él arremetía contra ella con golpes de cadera, como si la estuviera follando. El era mulato, ella blanca y los movimientos sensuales que ejecutaba eran como olas, exactamente. Me he acercado sólo un poco porque al verme se han detenido. Y caminando, caminando apareció otro chico, este blanco, en la esquina y con una mochila en la espalda. La sospecha de que pudiera ser un traficante de droga me hizo seguir caminando. Crucé la Avenida 35 y me sumí en la casi total oscuridad del tramo que va de la 35 a la 34, donde caminaba hacia mí un negro con camiseta blanca y pantalones cortos blancos. No paseaba ni se dirigía a ningún lugar, sólo vagaba. Uno sabe cuando alguien va a un lugar y cuando no. Este no iba a ningún lugar. Cuando nos hemos cruzado me ha pedido dinero pero yo tenía los bolsillos vacíos. Era un indigente que vivía en un shelter. En lugar de dinero le he ofrecido un cigarrillo. Era lo único que tenía disponible para compartir. Lo ha aceptado y hemos entrado en la típica escena de darle fuego, con el fuego las primeras frases y de ahí a una conversación. Me ha dicho que era su cumpleaños (39) y que, "fíjate, el día de mi cumpleaños y sin dinero". Como puse cara de sorpresa (más que nada para reaccionar de acorde a lo que él esperaba) se ofreció a enseñarme su carnet de identidad en el árbol más próximo, que era donde había más luz. Sacó su cartera mientras yo me preparaba para la prueba irrefutable de su edad y su fecha de nacimiento. Me acerqué más a él porque había poca luz. En realidad me acerqué por acercarme. Finalmente su carnet se encendió debajo del chorro de luz y con su dedo me señaló la fecha. Para entonces yo le estaba tocando ya el culo que pude disfrutar gratis durante unos segundos, después me ha pedido dinero a cambio de sexo. Veinte dólares. Mientras me lo pensaba le metí mano y le bajé los pantalones bajo el frondoso árbol. Tuvimos que sortear de vez en cuando algún coche que pasaba. El se impacientaba porque tardo mucho en dar respuestas así. Le dije que tendría que ir a casa y ver si tenía algo pero lo dudaba. ¿Cuánto tardarás en ir y regresar? Diez minutos. Bueno, mira, si no tienes los veinte lo dejamos en diez. Un minuto más tarde bajó a cinco pero también dudaba de que tuviera cinco. Tenía un billete de veinte sobre la mesa del comedor que he ido alargando desde hace cuatro días. Pensé que quizás reuniendo las monedas sueltas...Si había rebajado de veinte a cinco también aceptaría monedas sueltas. Debo confesar de que se me ocurrió subir a casa y no bajar. Pero he descartado esa posibilidad. Subí a casa y junté dos dólares en monedas. Cuando ya las tenía en la mano y estaba a punto de salir he tenido un poco de miedo de que se sintiera humillado. Dos dólares y en monedas...No lo pensé más y salí de casa con las monedas. Mira, le dije, no hagamos nada y te doy estas monedas que suman dos dólares.

Su cara se iluminó de felicidad. El, en realidad, no quería tener sexo conmigo, sólo quería los veinte, los diez, los cinco o las monedas. Me dió las gracias efusivamente y se ha despedido con un "espero volver a verte". Después ha desaparecido como siempre desaparece la gente, sin dejar rastro.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home