miércoles, noviembre 03, 2010

Mujer abandonada en Venecia, Italia


Recibí una postal tuya
desprevenida
tuve que reaccionar
pero no tenía caras, ni un guión que seguir
las mandíbulas se me desconfiguraron
y los ojos se lanzaron al vacío
me dio por volver a morderme las uñas
por ensimismarme en las ventanas
por atusarme el pelo compulsivamente
por tragar saliva espesa
por rascarme la nariz
por hablar más rápido de lo normal
por pensar que me estabas mirando,
lo peor de todo,
tu mirada verde
afilada y curva como un colmillo
detrás de mi, por toda la casa
como una extremidad propia, como una cola
azul sin amarme, estando sólo por estar
para molestar casi

Una mirada sin cuerpo
una presencia sin ti
corrí como en las películas
atravesé mi pasillo largo
hasta la extenuación,
…es inútil
estás detrás de mis ojos
y no puedo hacer nada para despegarte

Arrugué la carta, hice una bola
pero no arrugué nada, la bola fue casi peor
podría haberla destrozado, explotado o quemado
pero la carta en su forma plana,
las letras que hablan de ti
la vuelta a los recuerdos
me infectaron el presente
Ahora ya qué importa el camino recorrido
desde nuestro último día hasta ahora.
Voy hacia atrás con los ojos delante
tú detrás de ellos
todo es un mirar sin atención
y no sé contra qué voy estamparme.

¿Es que tu nueva vida se ha agotado?
¿Por qué una postal de Venecia precisamente?
Una góndola, claro
como si con eso hubieras querido decir góndola.
¿Por qué postales de lugares que me duelen,
de trenes que me recuerdan, de canciones que detesto?
Me tapo los oídos, no soporto el italiano
ni esa cantarela, ni a ti sonriendo frente a la cantarela.
Yo no veo una góndola, no
veo la peste negra
¿Para qué los canales ahora?
¿Por qué les concedí importancia?
Entonces tus palabras se rindieron ante mí
Primero me prometes la luna
después me dejas tirada en un cráter.
¡Cuantas mujeres abandonadas hay en el espacio!

Le había dicho al psicólogo que no lograba olvidarte
para él mucho mejor, así practicaba nuevas técnicas
sobre mi alma
Se irguió sobre su sillón
estirando el cuello, estirándome a mí
Me sugirió que te imaginara defecando
en todos los lugares que un día me fueron bonitos.
Me dijo que la felicidad era una boñiga de vaca en un prado verde
vi tus ojos embadurnados de mierda
y estallé en un llanto
por amor o pestilencia
Salí antes de la consulta
como una adolescente detrás de una compresa
y en la calle sollocé tanto
que sentí manos extrañas acariciándome la espalda,
acariciando el lomo de un potrillo
Yo sólo mascullé una frase plañidera:
¡No me dejó en Venecia!
Pero yo no estaba delirando, no veía canales
no veía nada
Me había ido hasta de mí misma.

Parecía que sucedió ayer
aunque pasaron años de aquella mañana en la playa
cuando sobre una toalla me golpeé las piernas con los puños
de rabia porque nunca te gustaron
Y por no gustarte a ti me hubiera destruído a mí misma.
Las olas, pequeñas y elásticas
se extendían por la orilla
con ese ruido odioso de guijarros chocando unos contra otros
¿A quién le importan los elementos románticos cuando te dejan?
¿Por qué no se pone a llover cuando te odian?

Yo ahora soy otra, ya no me golpeo tanto
he aprendido a convivir conmigo misma, con mis piernas flacas
con mis muchas indecisiones y mis pocas certezas
tú en la postal me pides perdón
y escribiste hasta el acento
con lo que me irrita la gramática
cuando están en juego sentimientos
si hubieras amado
sabrías lo que es olvidarse de una coma
Sólo para tacharme a mí
ensuciaste tu vida con un borrón.

Yo no creía en Dios
Creía en ti
Los milagros de Dios no me llevaron a Venecia

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