miércoles, diciembre 08, 2010

La gamba del Downtown

Jorge me invitó a cenar gambas al ajillo a su casa. 
Mientras las freía me contó su nuevo proyecto teatral, el incienso se consumía en la sala y desde los ventanales se veía todo Manhattan.
Cuando las hubo freído todas se dió cuenta de algo que cambiaría mi vida: se había olvidado de una.
- Vaya -dijo- ¿Y ahora qué hago con ésta?
Las opciones eran:
1. Tirarla a la basura, ya que era demasiado tarde para freírlas con las demás.
2. Freírla aparte una vez que todo estuviera ya hecho.
Me quedé mirando durante unos segundos la gamba decapitada, absorto. El cambio se estaba operando en mí. Era un especie de despertar de la conciencia, un pesar y una tristeza.
Sentí un escalofrío en la espalda y no pude decir nada: la gamba era yo.

10 Comentarios:

Blogger Joe dijo...

Siempre lo que viene en ultimo, nos sorpende y es especial por alguna razon.
Bello todos.
Un beso.

2:00 p. m.  
Blogger Gary Rivera dijo...

wow, solo tenias esas dos opciones? A mi se me ocurre una tercera.

A mi me sucede lo mismo a veces me reflejo en objetos, en situaciones, en caricias, en miradas pero luego recapacito y me doy cuenta que tengo la fuerza para cambiar las cosas que me afectan y estoy seguro que tu tambien. esta bien estar triste, pero no dejes que el sentimiento te domine siempre!

2:12 p. m.  
Blogger La Lola dijo...

Jijijiji, ¡que bueno!

3:03 p. m.  
Blogger Jota dijo...

Relatos sobre una gamba,..... interesamte!
me gusto!!!
u saludo

3:05 p. m.  
Blogger Antony Sampayo dijo...

Primero que todo, no sé que es Gamba. Si es una presa en especial, lo mejor es freirla para que cuando esten terminando de comer las otras, ya esté lista.

Abrazos.

4:49 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Gamba es camarón, creo. Lo del dibujo, vamos ejej
¿La freirías por separado?

4:59 p. m.  
Blogger Antony Sampayo dijo...

Ya lo había visto —luego que comenté— en la foto. Claro, esa presa es muy apetecida y valiosa como para votarla.

Abrazos.

5:01 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Si, antony, pero tengo que decirte el final del camaron. Termino siendo atropellada por un coche en la septima avenida. Una serie de acontecimientos desencadenaron ese final y no lo supe hasta el año pasado, cuando Jorge leyó el relato.

6:37 p. m.  
Blogger Aldabra dijo...

uno puede llegar a sentirse como una gamba o como un pisapapeles... ¡que tragedia es la vida cuando no somos nubes o alcatraces!

biquiños,

11:43 a. m.  
Blogger Myriam dijo...

Escalofriante metamorforfosis en este excelente microrelato.

Devuelvo tu amable visita a mi blog en el que eres muy bienvenido y en el cual espero encontrarte siempre que lo desees. Volveré a leerte con calma, acabo de llegar a casa del exterior.

Un abrazo

1:15 p. m.  

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