miércoles, diciembre 08, 2010

Odisea después del flamenco

Para ir a trabajar tomo el L hasta la 14. El L me deja a cuatro calles de casa y a una del flamenco, donde hago de camarero los fines de semana desde las cinco de la tarde hasta las dos o tres de la mañana.
El L es fantástico, parece nuevo. No es como el J, el F o el 7. No tiene esa luz amarillenta y no se tambalea tanto. El tambaleo del 7 sacude las tetas de algunas mujeres inmensas y los muslos de los hombres. Pero el L no, el L es un caballero desde Glenwood Park en Brooklyn hasta la 14 en Manhattan. Incluso los que anuncian las paradas en megafonía no son pobres almas errantes, no. Seguramente fueron tenores en su época dorada o lo siguen siendo y ahora nos ofrecen sus angelicales voces a modo de trabajo voluntario para que nos retocemos en sus registros. Lo malo es que durante los fines de semana puede cambiar su ruta inesperadamente. Tomar el L un viernes o un sábado puede ser toda una aventura. 
Salí de casa (Wyckoff Avenue) a las cuatro de la tarde y llegué a la 14 a las cinco menos cuarto.
Para cerciorarme de que no iba a encontrarme sorpresas al salir del trabajo fui hasta las casillas de los cobradores, desde donde exponen su cautiverio y le pregunté a la empleada que está siempre a esa hora, la de los brazos tatuados sobre los horarios. Los tatuajes se los vi una vez cuando llevaba una camisa de manga corta. Desde entonces, cuando usa camisas de manga larga me los imagino. Son como los monstruos que habitan en su piel agazapados bajo sus ropas.
Me contestó que el L dejaría de funcionar a partir de medianoche y que todo el fin de semana estaría fuera de servicio. Después, como si se despertara de un sueño en el que había sido simpática conmigo, retomó su vigilia y me señaló con desdén un papel a modo de cartel informativo pegado en la pared:
- ¡Lo pone ahí!
Al salir del flamenco ya me había hecho a la idea de tener que tomar el A Downtown hasta West 4th y de ahí cambiar al F hasta Delancey que, dependiendo la línea que te lleve se llama también Essex.

En Delancey debía tomar el M hasta Séneca y ahí hubiera terminado todo. El M me deja más cerca de casa pero el recorrido y la frecuencia de los trenes es menor.
Entré en las instalaciones del metro dispuesto a tomar el A. Ya había suspirado muchas veces por el camino de regreso pero así como de tanto darnos golpes en una zona concreta acabamos por insensibilizarnos, de tanto pensar en el recorrido se me hacía hasta corto y placentero. Además, llevaba las Crónicas de Janko de Czarnków para leer durante el camino.
Al encontrarme ya en el subterráneo, vi que la entrada al L no estaba restringida por la ya conocida cinta amarilla que impide el paso a los andenes e, incluso vi gente que bajaba las escaleras. En esos momentos vi la luz: el L me llevaría como de costumbre en sus brazos alados hasta casa.
Janko de Czarnków y yo bajamos las escaleras hacia el andén del L y nos sentamos, como de costumbre, en el primer vagón que nos deja cerca de la salida más conveniente. Empecé a leer el tercer capítulo que me recordó mucho al estilo de Jan Kochanowski o Andrej Krzycki. Pero antes de empezar me situé en el contexto de mi propio capítulo, mi vagón. Los personajes que tenía alrededor no eran muchos. De frente había un tipo de mi edad con un macuto a su lado y vestido con una sudadera. A mi derecha una oriental leyendo, dos húngaros durmiendo y un empleado de la Metropolitan Transit Autority (MTA) que no sabía bien dónde reposar la mirada.
El chico de enfrente no dormía. Su sudadera era azul claro y su macuto verde militar. Recordé lo que escribió Goethe en su Teoría de los colores acerca del mal gusto a la hora de combinar estos dos colores.
Levanté la cabeza al final del tercer párrafo, en el preciso momento en el que el tipo metió la mano en su macuto y sacó un cuchillo de carnicero del tamaño de mi antebrazo y del grosor de mis cuatro dedos. Le miré como el que no sospecha que tiene planeado algo. En efecto, lo usó para sacarse la mugre de una uña con su punta. Con cierta desconfianza y siempre alerta, continué con el cuarto párrafo. El empleado del tren estaba respondiendo a unas preguntas que una de las chinas le hacía referente a trenes y a horarios. El tipo del cuchillo, al oírlo, se levantó, interesado por la información. Debo añadir que ese interés le restó cierta masculinidad. Era más viril cuando era sólo un hombre con un arma.
La información que dió el empleado parecía del interés de todos: saber hacia dónde nos dirigían. Prestamos todos más atención, excepto los húngaros que seguían durmiendo (total, si el tren no iba a Budapest qué les importaba a ellos).
También me levanté a escuchar la información gratuita y pública.
Parecía decir que el tren no continuaría más allá de Lorimer Street y que de ahí salía un autobus hacia las otras estaciones. No entendí bien si el autobus se pararía en todas las estaciones y se lo volví a preguntar. El tipo del cuchillo o el tipo de la uña limpia (según cómo se mire), me dijo:
- Básicamente, lo que está diciendo es que no iremos más lejos de Lorimer Street con este tren y el autobus es muy lento. Mejor tomar el F uptown hasta la 23 y de ahí tomar el autobus hasta Brooklyn, es más rápido. Yo voy cerca de donde vas tú.
Lo dijo como animándome a ir con él. Me encontraba indeciso. Por un lado qué importaba que tardara un poco más si era más cómodo. Yo trataba de evitar el recorrido del M y el cambio de trenes con sus respectivas esperas en estaciones remotas y desconocidas.
- Sí, le dije- pero son autobuses ambos, de todos modos.
- Pero éste se va a demorar muchísimo y no vamos a llegar nunca. Yo sé qué otra ruta es mejor.
Cuando dijo eso de "y no vamos a llegar nunca" sentí que ya me había acostado con él muchas veces y que, incluso, habíamos adoptado un perrito.
Le seguí porque parecía que el L había muerto y podía estar esperando ahí toda la noche.
Subiendo las escaleras, el tipo de la uña limpia lanzó un grito y se cagó en la línea L. Pensé: Yo no me cago porque el L va muy bien, siempre me deja en casa, tiene una luz muy blanca y no zarandea tetas ni muslos.
En el andén del F uptown reaccioné un poco. Le pregunté cuál era esa ruta hacia Brooklyn cogiendo el F uptown que yo no conocía.
- Mira, -dijo poniéndose un poco cariñoso y rascándose a su vez un testículo- Se coge el F hasta la 23 y de ahí se toma el G.
- Pero el G no pasa por la 23 y me deja en el camino opuesto del trayecto hacia el M.
En realidad no le quise decir eso. En realidad sólo quería besarle, desnudarle, hacer el amor ahí mismo y que me dijera eso de:
- Te deseo y el mundo es nuestro.
Pero no fue así y continué:
- Sé un camino mucho mejor.
Al empezar a comunicar mi "camino mejor", el nombre de Delancey Street se dibujó en mi mente sin ningún sentido y no le pude especificar dónde se hacía el cambio. Dijo que no conocía esa ruta mientras su mirada se desviaba hacia el trasero de una chica.
Bah, decidí subir las escaleras, se me cruzó una rata gigante, cambié hacia downtown y resolví dejar al tipo de la uña limpia para siempre. Nunca tuvimos nada ni nunca adoptamos un perrito. Es más...¡La 23! ¡Si en la 23 no hay nada! Y me dirigí al lado opuesto a tomar el A, pero downtown, hacia West 4th.
El tren tardaba mucho. Me senté y levanté varias veces. Al levantarme lo ocupaba otra persona, al desocuparlo otra persona lo ocupaba yo y así, de una manera inconsciente, nos cedíamos mutuamente los asientos mientras los mugrientos vagabundos dormían a nuestro lado.
Una empleada del metro paseaba por el andén, junto a otros compañeros, solventando las dudas que los pasajeros iban teniendo. Era una mujer negra, no muy agraciada pero de buen aspecto. Una de esas mujeres de las que la gente dice que son muy feas pero muy simpáticas. Básicamente estaba informando a los pasajeros de al lado, los del tren B. Les decía que el tren B estaría circulando por el de otra línea y a medida que iba informando los pasajeros iban abandonando la estación. 
Yo seguía leyendo el cuarto párrafo de Janko de Czarnków. Avanzaba muy lentamente debido a las constantes interrupciones de la ruta.
Levanté la cabeza y le pregunté si el F funcionaba bien. Dijo que sí, que funcionaba de maravilla (literalmente).
Cuando llegó el tren y me dispuse a entrar me di cuenta de que no era el F, sino el D. El D no pasa por ese carril. Los pasajeros parecían muy tranquilos leyendo o durmiendo y en cuanto abrieron las puertas todos dudamos. ¿Qué hacía ahí el D? Asomé la cabeza y le pregunté a una mujer que comía un bocadillo.
- Perdón, señora, ¿no es éste el F?
No me contestó. El tren iba a cerrar sus puertas. Sólo tenía tiempo de volver a tragar saliva e intentar preguntar de nuevo.
- Señora, perdone, ¿éste no es el F?
- ¡No, este es el D!
- Sí, sé que es el D en teoría, pero, ¿no está haciendo el recorrido del F?
Por la otra puerta entró una pareja muy decidida y a pleno pulmón preguntaron a todo el vagón:
- ¿Este tren se dirige a Brooklyn?
Y una voz anónima respondió:
- No, este va al Bronx.
- ¿Al Bronx? -preguntó alguien despistado que estaba ya sentado-

Se cerraron las puertas y nos dejaron fuera. Comencé a vagar por el andén y a leer con la esperanza de que apareciera un F de verdad. Los esfuerzos para que me entrara la información de mi párrafo cuatro eran ya hercúleos. Pero lo conseguí y me vi a mi mismo deleitándome en la lectura y diciéndome:
 - ¡Qué bonita es Varsovia en primavera!
El misterio está en que cuando el F llegó, ya una vez dentro vi que en lugar de bajar calles, subía. Lo descubrí cuando íbamos ya por la calle 57 y casi todos habían abandonado el vagón.
Me bajé a toda prisa y tuve que esperar de nuevo al F downtown. Afortunadamente no tardó en llegar y en veinte minutos ya estaba en Delancey Street. Hacía mucho frío. ¿Cuáles eran mis opciones esta vez? El M y el J hacen la misma ruta pero en Wyckoff uno se desvía hacia Jamaica y otro hacia Metropolitan Avenue. Esa era mi dirección. Las calles y avenidas que me eran familiares venían ya a mi encuentro, dispuestas ya a llevarme a casa. Sólo tenía que subir las escaleras al andén y esperar al de la línea J.
Le pregunté a una encargada si funcionaba el M y asintió sin mirarme, como si en realidad le hubiera respondido a su horizonte particular. Pero luego, un poco arrepentida, decidió alargar la información:
- ...pero no en esta estación. Debido a los cambios del fin de semana y a las obras, el M empezaría a circular a partir de Wyckoff Avenue. Tienes que tomar el J hasta Wyckoff y allí cambiar al M.
Con las prisas y el cansancio todavía podía llegar a una solución viable: tomar el J hasta Wyckoff y allí cambiaría al M. Eso es.
Lo verifiqué una vez dentro del vagón preguntandole a un chico joven. Ahora estaba en la dirección correcta. Me senté y empecé a leer el quinto párrafo de las Crónicas de Janko de Czarnków que, por capricho del estilo, ya no me recordaba ni a Jan Kochanowski ni a Andrej Krzycki.
Poco antes de cerrarse las puertas, anunciaron por megafonía la siguiente parada: Bowery Street.  No era la voz de un tenor, no. Había tomado la dirección opuesta de nuevo. Era ya tarde para salir del tren. Cerraron las puertas. El muchacho que me había confirmado la dirección se sorprendió:
- ¡Oh, shit!
- Te equivocaste, -le dije sin usar tonos de reproche-
- Oh, I'm sorry, man.
Para no matarle me fui hasta la última puerta de salida. Sólo estábamos él y yo en el vagón. Los dos nos bajamos en la estación más cutre del planeta Tierra: Bowery Street. Leí casi todo el capítulo de mis Crónicas de tan mal humor que hasta en Varsovia empezó a nevar.
Llegó el J. Esta vez era la dirección correcta y en media hora ya estaba en Séneca, mi parada alternativa. Eran las cuatro de la madrugada y me pregunté por dónde andaría el muchacho del cuchillo de carnicero, el de la uña limpia.

15 Comentarios:

Blogger cristal00k dijo...

Romek, ni se te ocurra dejar de escribir... Eres lo siguiente de bueno. Lo he leido, casi sin respirar. Fantástico!

5:11 p. m.  
Blogger cristal00k dijo...

Con tu permiso, te enlazo

5:15 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Muchas gracias, Cristal :) Estaba dudando en si publicarlo o no. Como es un poco largo...Un besazo.

5:35 p. m.  
Blogger Thiago dijo...

jaja cari está genial, muy realista, muy AUSTER, de un viaje en metro incómodo has sacado oro, y a pesar del lío de lineas y direcciones se lee con mucho interés, entre agónico y humorístico.... una historia urbana que habla de desolación y soledad. Me ha encantado.


Ahora como te digo una cosa te digo otra. Yo creo que le sobran las ilustraciones que has puesto, las veo un poco a contrapelo, no añaden nada a la genial historia y pierde dramatismo con esos dibujos excesimavente humoristicas. Tal vez con la primera o con la última ya llegaba. Y no pq no tenga humor el escrito, pero es un humor de perdedor, de desasistido por la vida, de desesperación bajo tierra... Espero que no te importe que te lo diga, a nadie nos gusta que nos digan lo que no le parece bien a la gente de los blogs, pero es que tú escribes muy bien.... creo que lo atractivo de tus post es tu escritura.

En fin, que un post tan genial como los últimos a los que nos tienes acostumbrados... Bezos.

6:36 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Gracias, Thiago, claro que no me importa, todo lo contrario, valoro mucho tu opinión y puedes decir lo que sea. Tienes razón, además. Lo que pasa es que cuando he publicado algo largo no se ha leído mucho. Claro que era en la época en la que ni lo corto se leía jeej. Voy a quitarlas. Un besazo

6:55 p. m.  
Blogger ✙Eurice✙ dijo...

Ha sido una noche intensa Neoyorkina, con su punto critico justo de pánico. Un relato costumbrista sin perder ni un ápice el interes.
Escribes y aún mejor describes muy bien, creo que tenemos algo más en común, a ti te gusta escribir y a mi me gusta leerte a ti.
Buenas noches Romeck que te diviertas en el Flamenco;)
Respecto a las imaegnes no puedo coincidir con mi querido Thiago, por que si te soy sincera, estaba tan embebida en la lectura que ni me he percatado de su existencia...si quieres quitarlas, hazlo que tu prefieras.

7:12 p. m.  
Blogger Diego Tejada Gamboa dijo...

Muchas gracias por tus palabras, te estaré siguiendo por este medio, nos vemos.

7:23 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Gracias, Euridice :) Es un placer escribir para vosotros.
Saludos, Diego

7:50 p. m.  
Blogger theodore dijo...

Yo me lo he bebido de un trago y apenas he reparado tampoco en las imágenes (preciosa la última, por cierto), tiene un ritmo fantástico y unas descripciones siniestras y divertidas, me ha recordado al "After Hours" de Scorsese, tan trepidante. Y también me he quedado con ganas de saber más del de la uña limpia :-)

Un abrazo

11:41 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Jejej theodore, gracias. El de la uña jamas se supo, es lo malo de los personajes desconocidos. Pero a veces dejan mejor gusto cuando se van. Un abrazo

11:57 p. m.  
Blogger Aldabra dijo...

no me gusta leer relatos largos en la pantalla, lo estoy imprimiendo y cuando lo lea ya te contaré.

biquiños,

p.d.: te agradecería que si quieres decirme algo acerca de mis comentarios me escribas un correo porque no tendré tiempo para volver a todas tus entradas y ver si me has contestado, espero que no te parezca mal que te lo diga.... pero si no quieres decir nada tampoco pasa nada, no hay obligación alguna.

aldabra62@gmail.com (figura en mi blog)

p.d.1.: recepcionista de hotel es un buen personaje.

12:14 p. m.  
Blogger Thiago dijo...

Bueno, ahora me queda la duda de si Theo y Eurice leyeron el post antes o después de que quitaras las imagenes. Tal vez habría que explicarles que no son estas que has dejado sino otras que había, jajaja

Pero bueno, como en todo, esto es opinable. Lo bueno es que tú hagas lo que te salga de las pelotas, jaaja


Bezos.

2:03 p. m.  
Blogger cristal00k dijo...

esteee, yo seguro que lo leí con las ilustraciones de "origen" y me ha pasado como a Eurice, ni flores de nada que no fuera el texto... hasta que he terminado de leer...
Y lo acabo de volver a hacer. Me encanta.

3:45 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Yo no soy muy partidario de imágenes, las que puse inicialmente fue porque pense que asi se leeria mejor. Pero cuando Thiago me lo dijo me di cuenta de que no hacia falta ilustrarlo tanto y que lo leiais igualmente.
Thiago es mi héroe blogistico, le dejo hasta que me riña. Un besazo a todos, chulazos y chulazas :)

10:47 p. m.  
Blogger Aldabra dijo...

Pues he leído el relato esta mañana mientras viajaba en autobús. Y mira que es difícil porque hace siglos que no montaba en bus pero tengo mi coche en el taller, mis padres tenían ocupados el suyo y... El caso es que me pareció fantástico.

Sobre los relatos largos en internet, bien, es un poco complicado, creo que sólo acaban por leerlos tus lectores más fieles, los demás, al ver la extensión se desmoralizan, lógico, a mí como ya te dije no me gusta leer en la pantalla y le pasa a más personas.

Me gusta tu estilo, es fluído, cercano y haces muy facil que nos metamos en el papel de cualquiera de los personajes que describes.

Sobre las imágenes (como veo que Thiago tiene algo que decir al respecto), bien, yo las he descartado par imprimir el relato y me gustó de igual modo. Aunque yo soy partidaria de una buena imagen, en mi blog suelo currarme mucho buscar la imagen adecuado e incluso (si puedo) hacer mis propias fotos, como hoy.


Desde ya me hago fan de tu club de lectores.

Biquiños.

4:57 p. m.  

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