lunes, enero 03, 2011

El prometido de Maggie Lee


Maggie tiene la cara esférica y su cara esférica vino rodando a mi encuentro. Maggie es oriental, plana y redonda, como una moneda. Vino caminando hacia mí con sus piernecitas cortas y su amplia sonrisa coreana en esa superficie plana y redonda. Parecía un ser bidimensional que había burlado a la policía en un cómic. Peter el Chino me la iba a presentar. Precisamente, en la época en la que yo necesitaba un apartamento, Maggie se iba a Hong Kong y necesitaba a alguien de confianza para que le cuidara a su perro Spanky y le ocupara el apartamento. Peter el Chino no se llamaba Peter, sino Huang o algo así. Para Maggie se llamaba Tony, debía de acordarme. Peter no se llamaba Peter para todo el mundo y para nadie se llamaba Hang, o quien sabe si para alguien sí. Y si Maggie me preguntaba algún día a solas de qué trabajaba Peter, para ella Tony, debía responderle que se dedicaba a los negocios.
Nos íbamos a encontrar en el 60-58 de la octava avenida. Ella nos esperaría en la entrada. Cuanto más subíamos más lujosos eran los edificios. Pero entre un lujo y otro, hace ya muchos años, quedó un hueco en el que construyeron algo parecido a viviendas. Ese algo tenía que ser muy estrecho. Era el edificio de Maggie.
Maggie no me quitaba los ojos de encima sin dejar de sonreir. La sonrisa era para despistarme para mantenerme distraído en lo que me estudiaba. Una china callada puede estar riendo o llorando. Para saberlo hay que ver el contexto.
Aprobé el examen de Maggie al instante y nos invitó a subir al apartamento para que lo viera. La distribución del apartamento era algo inusual. Se entraba por la cocina en la que había una bañera y una cubeta grande recubierta de papeles de periódico con dos zurullos. La taza estaba en el cuarto y el lavamanos era el de la cocina. Lo primero que pensé fue: "cuanto viaje para cagar". Me sentó en un sofá verde, lleno de pelos y pulgas de Spanky en la sala, espacio contiguo a la cocina-entrada. Era imprescindible que le cayese bien al perro (era la segunda y definitiva prueba) y tuve la suerte de que al verme movió la cola. Maggie Lee se quedó de pie, al lado de una gigante máquina de hacer footing, cuya plataforma tendría medio metro de altura.
- Es de la antigua inquilina, una señora mayor -dijo-, y la tengo ahí porque nunca se me ha ocurrido quitarla pero si no la quieres la puedes poner en otro sitio.
Peter, queriéndolo ver todo bien me animó diciendo que era perfecto, que lo tenía todo en uno. No sé si se refirió a la sala-gimnasio, la cocina-baño o al cuarto-caca.
Me rebajó el alquiler de ochocientos a setecientos, por la molestia de pasear a Spanky. No lo tienes que pasear todos los días. Cuando no te apetezca lo puede hacer en la cubeta. Está entrenado. Sólo tienes que llevarlo hasta ahí y darle la orden. El precio era una ganga comparado con los dos mil o dos mil quinientos que pagaban los vecinos. Además, dijo, puedes encontrarte a Andy McDowell en cualquiera de los cafés de la acera de enfrente.
- Este barrio es maravilloso, -dijo, mirando alrededor-
Pero alrededor no había barrio, sino su mugriento apartamento. Y si el barrio era realmente lo maravilloso que ella decía, alguna mala distribución cósmica había situado ese edificio justo en medio de la maravilla y yo viviría entrando y saliendo, entrando y saliendo. Saldría al paraíso para poco después ingresar en la inmundicia.
- Bueno, establezcamos las bases o las condiciones de este contrato verbal –dije amablemente con una cara sonriente, como si le urgiera mudarse más a mis dientes que a mí mismo- Alquiler setecientos más perrito, ¿no es eso?
- Sí, perrito. Spanky. Le has gustado mucho. De no ser así tampoco te habría aceptado yo. Confío en su cola (ahí no quiso ser original, simplemente debió de traducirlo directamente del mandarín) Una pequeña condición es que no traigas muebles. Ya sé que aquí no hay muchos y los que hay no son muy buenos –dijo haciendo crujir con el dedo una estantería.
- No te preocupes, se le pasa un trapo o una lija y ya está.
- Trata también de no estar entrando y saliendo mucho para que los vecinos no piensen que me estoy mudando y me quiten el apartamento. Si el super del edificio te ve y te pregunta le dices que eres mi prometido.
- El prometido de Maggie Lee. ¿Y si me pone a prueba y me pregunta algo sobre el reino de Silla?
- Apenas te lo encontrarás. Es difícil que ande por aquí pero si te ve puede preguntarte. Sólo dí que eres mi prometido. No te preguntará nada más. Es sólo un super, no un oficial de inmigración.
- El prometido de Maggie Lee suena bien. Lo pondría como título de una novela, si no te importa.
- Para nada, también soy artista. Hice la portada de una revista de moda hace unos años aunque me dedico a las finanzas. Mira, esta es la revista.
- Entonces, repasemos que estoy ya nervioso. Tú, en realidad, te vas un año a Hong Kong y yo, por setecientos dólares al mes más perrito, prometido y no muebles, te cuido el apartamento y me instalo por un año.
- Sí, el barrio es increíble, te va a encantar. ¿Sabes lo que cuesta vivir en un apartamento como éste? –dijo agitando los brazos, mostrándome las paredes, convencida tanto de su discurso como de los churretes de grasa en el muro-. Por eso estoy interesada en mantenerlo. Puedes pintarlo si te apetece, pero sin hacer mucho ruido.
- Está un poco gris. Puedo pintarlo en zapatillas, por ejemplo. Espero que no se me caiga ninguna brocha y nos veamos los dos en la calle. ¿Cuándo puedo empezar la mudanza?
- En cuanto tú me digas me voy.
- ¿En cuanto yo diga? ¿Ni siquiera depende tu partida de un billete de avión? Necesitaría mudarme cuanto antes pero tampoco quiero forzarte. A ver si ahora te subes al avión que no es.
- A la que me digas, cierro mis maletas y me voy a casa de una amiga. Ahí iré cuando venga porque vendré de vez en cuando. Yo nunca desaparezco del todo.
Esa declaración sonaba a amenaza y, de pronto, visualicé a una Maggie ubicua que aparece y desaparece cuando donde se le antoja.
- ¿Venir? ¿Te refieres que vendrás a Nueva York o a este apartamento?
- Me gustaría ver de vez en cuando a Spanky, es un perro tan bueno. Pero me iré a dormir a casa de esta amiga.
- Spanky es muy simpático y me ayuda con el alquiler. ¿No te ibas todo el año? Es sólo curiosidad, no es que me molestes en América.
- Me iré todo el año pero de vez en cuando vendré. Y si después del año quieres seguir ocupándolo por mí no hay ningún problema.
- ¿Seguirás en casa de tu amiga? ¿No se cansará de tenerte ahí?
- Te va a encantar este barrio. Central Park queda a ocho calles, el metro a dos, la cafetería está enfrente y a tus pies la octava avenida, el Upper East Side, los famosos, los ricos, todo muy limpio.
- Suena bien, así dicho como una guía turística. Pues si te parece, el mes que viene me mudo.
- Me encantará ayudarte, me fascinan los artistas. Mi marido también lo es y le dieron la residencia de un día para otro casi. Conmigo nunca te faltará de nada.
Y diciendo eso me dejó un mensaje subliminal.

A la semana siguiente, Maggie desapareció y Peter el Chino también. Cuando pienso en ellos es como si nunca hubieran existido, como si yo nunca me hubiera topado con Andy McDowell en el café de la esquina. Años más tarde me encontraría por las calles de San Juan, Puerto Rico a un perro parecido a Spanky. Me miró fijamente, era exacto a él pero esta vez no movió la cola.

20 Comentarios:

Blogger Pimpf dijo...

Y ahora la gran pregunta.... ¿y dónde está Spanky? Jajajaa, bueno, lo de la vivienda en Madrid es de coña, puedo imaginarme ya como es en Nueva York, o mismamente en París... que poca calidad de vida tenemos... es el precio a pagar por "las grandes ciudades".

Bicos Ricos

11:34 a. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Allá es imposible vivir en Manhattan si no es que tienes un magnífico sueldo. Un apartamento en esa zona de alquiler no baja de los cuatro mil, a veces seis mil dólares. Y son auténticos antros. Para vivir en Manhattan de alquiler sólo es posible en el Spanish Harlem o en el Harlem negro pero también están subiendo mucho los precios porque Manhattan está tan imposible que a los blancos no les importa ya mezclarse con los negros mientras paguen un alquiler más o menos razonable.
besos, Pimpfie

12:09 p. m.  
Blogger claudia dijo...

Me lo he pasado pipa leyendo esto, es como si viera el apartamento y a la coreana.

2:31 p. m.  
Blogger ✙Eurice✙ dijo...

Yo sé donde está Spanky :)
Que bueno lo de mala distribución cósmica Dubczek.
Ya sé que Manhattan es muy caro, por eso juego a la loteria Primitiva, para ver si me hago con un apartamento en el edificio Dakota :)
Ese edificio me encanta, tiene mucha historia anterior al asesinato de Lennon, ¿Sabias que allí se rodó La semilla del diablo de Roman Polanski? y que alli también vivió Aleister Crowley? y con un poco de mucha suerte, viviré y también. Querer es poder amigo :)

3:41 p. m.  
Blogger Antony Sampayo dijo...

Eres cruel con loschinos, je je je, cuando afirmas que cuando Maggie callaba no sabías si reía o lloraba, je je je. En mi ciudad hay un perro con la característica de Spanky ¿Hay propina?
Que pluma tan prodigiosa te gastas, Romek, todo los días escribes algo nuevo, que bien.

Abrazos.

4:29 p. m.  
Blogger Bee Borjas dijo...

No puedo parar de reír! Ví la película! La subliminal -oscura y misteriosa- oferta/amenaza china sobrevolando todo el relato...
Genial Romek! Aplausos miles! Beso de admiración!

4:43 p. m.  
Blogger ✙Eurice✙ dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

5:37 p. m.  
Blogger ✙Eurice✙ dijo...

Yo quiero besar la boca que se borra
Anudar el aire en sus esquinas
Y atarlo hasta hacer una burbuja caliente
Y se eleve hasta donde los demás no sean más que puntos suspensivos.
Yo quiero que a partir de esa boca
Todo lo demás se difumine
Podemos perfectamente vivir de lo inventado
El resto no será más que fatalidad.
(Un millón de aplausos)no puedo decirte nada más

5:43 p. m.  
Anonymous Tonet dijo...

Una vez viví en Queens...y lo que allí vi nunca más lo he vuelto a encontrar en ningún otro lugar del mundo, tampoco he sabido como describirlo....supongo que `fue demasiado todo junto" ...para mi mente de 18 años; y cuando te leo todo aquello vuelve y me recuerda lo que pensaba que cuando me fui: no hace falta irse a Africa para ver tal deshumanización...lo ves sigo sin encontrar las palabras. Aún así estuvo bien pero....
Sinceramente pondría la mano bajo el hacha a que tus personajes son reales pero también estoy convencida de que vivirlo tuvo un precio, y no es precisamente la paz de espíritu.
Tu texto es genial más de lo que crees, al menos para mí.
Creo que te he dicho demasiado pero no sé si me explico...
Lo que sí, me pregunto cómo fue ese año en ese piso tras un principio tan caótico...
Un abrazo

6:28 p. m.  
Blogger Merche Pallarés dijo...

Yo siempre he dicho que si fuese multimillonaria, viviría en Nueva York, si no, prefiero mi pequeño pueblo cerca de Barcelona... Ese apartamento me ha recordado al que alquilé en París, en el 7ème (St. Sulpice), cuando era estudiante. En aquellos años sesenta ya costaba 500 Fr. (¡carísimo!) y tenía la ducha encima del fregadero y el water en el pasillo (de esos de pie...). Toda una aventura. Besotes, M.

6:29 p. m.  
Blogger Thiago dijo...

jajaja que visualmente neoyorquino es todo, cari, hasta juraria que he visto ese edificio pequeño y estrecho entre los rascacielos del UPPER SIDE ya alguna vez... creo que he visto a Spanky por la Sexta cerca del Radio City sin collar, he visto también a Maggie en Central Park, o al menos a una oriental que se parecía mucho y que llevaba puesto un gorro de lana rojo y arrastraba una maleta barata con unas pegatinas de ciudades orientales y exóticas como Bangkok y Shangay, y creo que te he visto a ti, pintando de morado aquel apartamento en zapatillas de fieltro para no hacer mucho ruido... hasta creo que he visto a Andy McDowell o a un actor que se parecía mucho justo antes de arreglarse para salir en aquellas cuatro bodas antes del funeral, jajaaja


Bezos, cari.

7:49 p. m.  
Blogger Thiago dijo...

Una actriz, quería decir, claramente, jajaaja. Bezos.

7:50 p. m.  
Blogger la MaLquEridA dijo...

Con todo y que puedas encontrarte algún día con Andy McDowell no me gustaría vivir en Estados Unidos o quizá preferiría encontrarme con Spanky, no sé.

Saludines.

8:16 p. m.  
Blogger Rosa dijo...

No hay nada como que confluyan las circunstancias!!

Yo una vez fuí a ver una casa y también se entraba por la cocina. Una cocina triangular y ridícula. Luego la habitación también tenía esa forma y la cama, como no había manera de encajarla, ocupaba todo el espacio, y para meterse en ella no te quedaba otra que gatear desde los pies o saltar. Luego bajabas a la urbanización y la piscina estaba medio derruida y sobre el cesped seco había un sofá de tres plazas verde, roto y asqueroso. Chico, un primor!!

Besos

10:58 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Gracias, Claudia, me alegro de que te haya gustado :)
No lo sabía Eurice pero...si vivió Crowley mejor alejarnos de ahí. Jjeje, la boca que se borra, creo que me sonrojé al leerla de nuevo. Gracias, Euri, te mando un besazo.
Ah, si, Tonet? En qué barrio vivías? Queens tiene también buenas zonas. Gracias por tu comentario :)
Sí, Merche, en realidad Nueva York es para tener mucho dinero. O Manhattan mejor dicho.
ejje Thiago, me alegro de haberte evocado tanta fotografía. Tengo recuerdos muy morbosos de ese Radio City.
Malque, en realidad qué más da. Yo sólo me encontré a Sofía Loren (iba en un coche), a una actriz francesa de ojos verdes de la misma quinta que Sofía y cuyo nombre nunca me acuerdo y a la de Alien me la encontré frente a frente e incluso me hizo miraditas. ah, ahora no me sale su nombre...Bueno, esa. Iba con un perro y una camiseta blanca en plan muy tirado. Recuerdo que era altísima...Simogney Weaver creo que se escribe. Yo no la reconocí. fue cuando pasó que el amigo con quien iba me lo dijo. Me atrajo mucho la personalidad que emanaba.
Rosa pero ese lugar tenía piscina!
un abrazo a todos :)

1:22 a. m.  
Blogger Aldabra dijo...

.La verdad es que el título es bestial. También el relato. Porque me he imaginado a Spanky como un perro grande, enorme dentro de un apartamento-cambiante, donde nada es lo que parece.
Biquiños,

5:36 p. m.  
Blogger theodore dijo...

El título y el relato son bestiales, como dice aldabra. Qué bien describes las situaciones y los personajes (es la enésima vez que te lo digo, y que digo que te lo digo, lo sé). Y lo de la MacDowell debía ser un reclamo, más que para que te quedaras por tener famoseo vecinal, para que te ilusionaras pensando que tendrías una Green Card a mano, jeje.

Besos.

10:24 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Pero, theo, en el cuarto oscuro no se sabe si hay todo eso si está oscuro! ejeje
un beso, gracias :)
Es verdad, Uno, habría que hablar también del zapato de cristal! ejej Un abrazo

12:07 a. m.  
Blogger Z dijo...

Jajajaja, pero por favor, un apartamento así más que del Upper East Side parece más de Chinatown con su cocina-cagódromo incorporado y todo. A veces me pregunto cómo la gente puede pagar lo que paga por vivir en Nueva York. Yo es que por más que lo pienso no me resulta una ciudad a la que me apetezca volverme a mudar. Qué opinas tú, Romek?

5:02 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Yo me iria a una isla, me rodearia de nativos en taparrabos y bailaria con ellos alrededor de una fogata. Follariamos mucho y la noche seria estrellada. Ese es mi paraiso jeje
Un beso, Z

6:52 p. m.  

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