domingo, enero 09, 2011

Hombre desnudo y desesperado


Para contar algo que ya sé puedo hacer dos cosas: o contarlo en pasado haciendo ver que no sé nada o contarlo como si desde el primer momento lo estuviera viendo todo. En el primer caso, yo estaba sentado en el sofá cuando oí los gritos de un hombre en la escalera. Eran gritos desesperados. Si lo cuento de otra manera, un hombre entra en la escalera, se desnuda completamente y coloca la ropa metódicamente plegada en el suelo. Sobre la ropa deja la última prenda: un reloj chapado en oro. Abro la puerta con cuidado, sin abrirla del todo y asomo un ojo. Desde fuera se ve un ojo que asoma, más abierto de lo normal porque como el otro está escondido el que asoma tiene que ver por dos. Así se abren los ojos cuando quieren recibir más información de la que les es posible. Los gritos no cesan. Intento averiguar lo que sucede pero el horror del hombre me lo impide; son gritos de una profunda agonía. Al parecer dice algo como: "¿Qué es esto?" Ha entrado en el edificio y no sabe qué es esto. Hay preguntas difíciles. Nadie sale a responderle ni él espera respuesta; enseguida formula otra pregunta: "¿Dónde está mi madre?" Un vecino entra, se dirige hacia el ascensor. Ahora están el uno al lado del otro, uno vestido y otro desnudo. Probablemente el vecino se esté ahora preguntando qué hace a su lado un hombre desnudo gritando o a punto de gritar, pero simula no sorprenderse. El hombre es alto, fuerte y bien equipado. Cuando digo bien equipado me refiero a los hombros. El resto no pude verlo por la manta. Ya explicaré eso de la manta. El vecino no se inmuta, como digo. Sabemos que está disimulando, intuimos que tiene miedo. El hombre desnudo le pregunta: "¿Y tú quién eres?" Le contesta que es un vecino. En el fondo tiene miedo de que no sea la respuesta correcta. Es como en la escena del marido que se encuentra a su mujer en la cama con otro y el marido, por instinto se interesa por la identidad del amante o por lo que hace y la mujer le responde: "Es alguien que ha venido a follarme un rato". Es la respuesta correcta pero puede despertar iras. Eso es lo que siente el vecino al decir que es un vecino. Miro por el hueco de la escalera, lo veo todo con bastante nitidez. Desde arriba, lo único que se puede ver son dos cabezas y algo de un cuerpo desnudo y otro vestido. La ropa doblada no la veo. La veo si lo cuento del otro modo. El inquilino sube al ascensor dejando al hombre solo de nuevo, gritando cosas. Se desespera todavía más. Parece que no reconoce el edificio ni a los que habitan en él. Sale a la calle en un acceso de nerviosismo y yo me dirijo rápidamente hacia la ventana. La misma visión de un hombre desnudo desde arriba corriendo por la calle. Bien hubiera podido ser una fotografía costumbrista de París: un hombre desnudo, desesperado y rodeado de damas con pamelas. Está lloviznando, el hombre resbala pero no llega a caer y sigue corriendo. En esos momentos para él no hay nada más que correr. Pienso que cuando corremos de este modo es porque estamos hartos de que algo, lo que esperamos, no nos venga al encuentro. El buscaba su verdadero edificio, buscaba a su madre, a gente que conociera. Al llegar a la esquina frena en seco y casi se vuelve a caer. Dos muchachas caminan con un paraguas. Desde arriba sólo se ve un paraguas y la nariz de una de ellas, incluso las comisuras de los labios. Hablan de un modo tan íntimo que no se dan cuenta de lo que está pasando. El hombre las cruza sin verlas tampoco. Es algo muy propio de nuestra sociedad, no vernos. Vuelve a entrar en el edificio, esta vez para subir hasta el cuarto piso. Oigo sus pasos retumbando como dos amenazas opacas sobre la piedra (furia decimal). Sus pies están desnudos y mojados. Nos ha invadido el hombre de las cavernas y está persiguiendo a un toro que se le ha escapado de la sartén. A veces hay gente que tiene fantasías con personas de uniforme pero, ¿y qué tal alguien que irrumpe un domingo en el edificio, se desnuda tranquilamente como el que se enjabona el pelo y empieza a corretear por ahí? Es extraño. Empieza a golpear una de las puertas mientras grita: "¡Mamá, abre!" Imaginamos que detrás de la puerta una mamá que no es se encuentra muerta de miedo. Flota un silencio sepulcral en todo el edificio aunque esté lleno de madres. Posiblemente, alguien está llamando ahora a la policía. "¡Mamá, abre, soy yo!" Llega la ley. Dos hombres con uniforme suben hasta el cuarto, sin prisas, cargados con sendas pistolas que les hacen caminar con pereza o hastío o prepotencia. Es la autoridad, saben que van a ganar o que tienen las de ganar. Hablan con el hombre y éste les dice que esa es su casa y su casa no abre la puerta. Ahora venga con nosotros, le dice uno de ellos tomándole del hombro. Pero ésta es mi casa, replica. Sí, pero venga, vamos a salir. Entonces el hombre repara en su desnudez. Se mira de arriba abajo. A partir de ahí no tengo dos maneras de contar la historia porque todo está pasando por delante de mi puerta. El hombre está asustado, tiene a un policía en cada brazo. Lo llevan abajo, despacio, contestándole cariñosamente a sus preguntas. Pero ésta es mi casa. Sí, ya sabemos que es su casa pero ahora tenemos que ir bajando. ¿Bajando para qué si lo que quiero es subir? Sí, ya sabemos, subir, pero para subir primero hay que bajar. Por muy loco que yo estuviera hubiera reconocido en esa frase algo misterioso que me haría pensar profundamente. Me pararía, quizá, y me negaría a andar. A veces, los pensamientos que van lejos requieren una quietud. De hecho eso era lo que estaba haciendo sentado en el sofá hasta que empecé a oír los gritos. El hombre se miró los pies desde su cabeza, como si no fueran suyos, y declaró que no podía continuar la marcha porque se hallaba desnudo. Le estamos conduciendo hacia su ropa, contestó uno de los policías (yo hubiera querido escuchar la pregunta: ¿Queda mucho para llegar a mi ropa?). Cuando se vista, continuó el oficial, ya verá qué bien se siente. En realidad, uno no se siente tan bien cuando se viste, era una estratagema de la ley. Pude ver cómo, al decir eso, el otro le miró con reproche, como si él hubiera dicho algo más convincente. No, no quiero seguir bajando, dijo el hombre y se detuvo. Los policías intentaron hacerle bajar un poco a la fuerza, sin insistir demasiado. Espere aquí que yo le voy a traer la ropa. ¡Quiero irme a casa! Empezó a gritar de un modo apocalíptico. Tranquilo que ahora nos iremos, le dijo el otro (eso era el plural de enfermera -¿cómo estamos hoy?- porque el policía no iba a irse a casa del hombre desnudo). Tú quédate aquí, le dijo un oficial a otro, que yo bajo y le subo la ropa. De acuerdo. El hombre se cansa de gritar y de estar de pie, así que se sienta en uno de los escalones. Le da la sensación de estar en un parque. Al verlo sentado me animo a abrir más la puerta. El policía también se ha sentado. No me extrañaría que de un momento a otro, el policía le pusiera la mano sobre el muslo desnudo aprovechando la coyuntura de un parque a media tarde. De momento le dice cosas susurrando, algún secreto de juventud o un cuento extraño que el hombre no escucha. Cuando nos volvemos locos y cuando somos niños es cuando más agradecemos esos susurros que no tienen más valor que el musical (aunque generalmente estén más aceptados los susurros a los niños porque su locura se entiende y se perdona, es lógico, todavía no hemos ingresado en la sociedad). Las notas del susurro nos adormecen, calman nuestra ansiedad. Pero la locura, que es muy ingeniosa, improvisa algo. El hombre se levanta de repente y se tira por la ventana rompiendo el cristal. Los reflejos del policía no logran impedírselo aunque sí llegan a cogerle de un pie. Ahora el hombre cuelga de la mano del policía, sobre el patio de luces, como una pata de jamón puesta a secar. El oficial es el que grita ahora: "¡Socorro! ¡Que alguien salga y me ayude!" Me invaden unas ganas de ser útil y salgo. La escena se vuelve más real al acercarme. El policía está fuera de sí, apenas me mira y cuando lo hace me suplica con los ojos y después con la voz que le coja de la pierna. Grita: "¡Que se me escapa, que se me escapa! ¡Está mojado y resbala, no puedo, no puedo, ayúdame!". Bueno, hago un estudio rápido de situación: no tengo punto de apoyo. Si me dejo guiar por mis nervios, me acerco, le cojo del mismo pie, quizás no consiga nada y se nos resbale a los dos. Sentí una profunda necesidad de tocar su pie, parecía el pétalo de una rosa agonizante. El hombre empezó a darse golpes de cabeza contra el muro, para abrírsela. Sangraba. Desde abajo se le veía sangrar. No me dejé llevar por mis nervios; llevaba mi bata de andar por casa y eso entorpecía mi movimiento. Así es imposible salvar a nadie, me dije enfurecido conmigo mismo. Si le cojo el pie, pienso, se me resbalará a mí también o, de no ser así, el loco es capaz de agarrarme de la mano y llevarme con él hacia abajo. El policía sigue gritándome, pidiéndome ayuda, rogándome que le coja el pie y gritando se me escapa. Me inclino con un gesto de querer agarrarle pero antes de que llegue a tocarle el pie (estaba durando tanto en esa posición que en sus pies me acostumbré a ver su cara), se escurre por la mano del oficial. Pasan unos segundos rápidos y oímos su cuerpo estallar contra el suelo del patio, quizás sobre una de las gallinas. Su cuerpo ahora lejano y pequeño yace de bruces, sin movimiento. En poco tiempo, el edificio se llena de policías y vecinos que se preguntan y se contestan los unos a los otros. Descubro que todo el mundo estaba en sus casas, que ese silencio era ficticio (muchos silencios lo son, muchas veces los reconozco). Se me acerca un representante de la ley con un bloc de notas y me interroga adoptando el rictus burocrático del procedimiento legal. ¿Usted vio lo sucedido? ¿Es testigo ocular? Ocular, esa palabra que él pronunció con un afectado acento de academia de policía era una palabra casi clave porque mi ojo se veía desde afuera cuando abrí la puerta con recato. Sí, yo fui testigo ocular. ¿Qué es lo que vio? Al principio no vi nada, la verdad, un vacío, lo de siempre, pero se oían los gritos de un hombre desnudo. ¿Pero usted vio cómo se desnudó? No, no bajé a verlo. De hecho no sabía que estaba desnudo hasta que lo vi después subiendo las escaleras. Desde la ventana también lo vi, corría hacia algo. Ese algo resultó ser la esquina y regresó como si la esquina, por algún motivo, le hubiera decepcionado. ¿Qué le hace pensar que la esquina le decepcionó? Porque frenó en seco. Al parecer pensó que algo le esperaba en esa esquina. A veces me pasa a mí también cuando me he encontrado persiguiendo a alguien y descubro que ha desaparecido. ¿No cree que ese alguien al que usted persiguió se habría metido en un coche o en un portal? Posiblemente, pero no tome nota de eso, usted no es quien para escribir mi diario. No, no estoy tomando nota de eso, se lo pregunté a modo extra oficial. ¿Qué relación tuvo con el suicida? Ninguna, bueno, intenté cogerle de un pie. ¿Por qué? Porque me lo pidió su compañero, el otro oficial. Esto está lleno de oficiales. Un policía se encontraba examinando el cadáver que alguien había cubierto con una manta. De ahí lo de la manta. La destapó y le miró la cara. Se aseguró que estaba muerto, después levantó más la manta para verle el miembro: Lo tenía tieso. Dicen que es algo que les sucede a los cadáveres. ¿Para qué le iba a pedir el oficial que le agarrara de un pie? ¿Por qué no de una mano o de la misma pierna?, Siguió preguntando. Porque estaba en una postura muy incómoda. Agarrarle de la pierna era más difícil, se hallaba más lejos y la mano todavía se encontraba más lejos. Ahora debo irme a casa, tengo que hacer muchas cosas. ¿No piensa testificar? No, por hoy ya está bien de testificar. Si quiere, otro día. El oficial siguió con sus investigaciones, quería preguntarlo todo. Subí hasta el tercero y desde allí miré por el hueco de la escalera. Yo que tú no hubiera salido, me dijo un vecino, podría haberte llevado con él, estaba loco. Yo oí cómo se daba él mismo golpes contra el muro porque ese muro da a mi habitación, dijo otro. No me extraña, no da a mi habitación y lo escuché como si lo tuviera en mi cerebro, dijo otro. No contesté y me metí en casa. Sentado en el sofá pensé durante mucho rato en el incidente, en el hombre y en la policía. De repente algo se nos desordena. A mí me desordenó el domingo y al hombre le desordenó otra cosa o persona. Según la policía y el murmullo de los vecinos, parecía que su mujer le había abandonado, él perdió la cabeza y no sabía dónde se encontraba. ¿Su mujer le abandonó por loco o se volvió loco al ver marchar a su mujer? En todo caso, ¿qué tenía que ver su madre en todo esto? La locura le decía que en el cuarto vivía su madre. Si hubiera sabido realmente quién vivía en el cuarto, precisamente donde estaba aporreando la puerta, no habría llamado con esa insistencia. Las voces pueblan el aire, ¿en qué estaba pensando yo antes de la irrupción del suicida? No puedo dejar de pensar en eso. Reconstruyo una y otra vez la escena. Le veo descender por el patio de luces y oigo el sonido de su cuerpo al caer. El informe de la policía dice: "Constitución robusta, mediana edad. Dejó sus ropas cuidadosamente dobladas junto a la puerta". Otro coge su reloj: parece un reloj de oro o bañado en oro. Déjalo ahí, eso irá dentro de una bolsa, le ordena. Todo ha terminado. Se cierran las puertas de nuevo. Los vecinos han vuelto a tener una reunión social. Y yo también he sido partícipe de algo aún sin haber alcanzado su pétalo pulverizado con rocío.

Miro el reloj: ha pasado media hora. Lo que ha sido para mí media hora, para el hombre desnudo ha sido el resto de su vida.

17 Comentarios:

Blogger ✙Eurice✙ dijo...

no comment!
En este caso, el silencio expresa más que lo que yo pueda decir.

3:30 p. m.  
Blogger aina dijo...

Uff, cuánta impotencia. Es una reacción muy bestia (y por lo tanto muy humana) la tuya y la de tus vecinos. Nos queda una asigntaura pendiente y este relato tuyo y la reflexión que uno hace al leerlo, puede enseñarnos, en posibles situaciones futuras (semejantes o distintas),a optar por la mejor opción: la de empatizar y socorrer antes de pensar y suponer posibles e inciertas situaciones desencadenantes.
Me has dejado muy mal cuerpo.

4:22 p. m.  
Blogger Thiago dijo...

dios mío, romek es un monumento este post... Desde el arranque con los dos puntos de vista hasta la frase lapidaria del final... y todo tan.. tan... tan teatral y al mismo timpo tan real. Es genial como ironizas con la vida sin que se note.... jaja lo mismo que el humor que tiene todo sin caer en el chiste.

en fin, cari, que hoy te has "expuesto" en la blogosfera como exponen al señor el día del Corpus. Hoy te has superado, hoy has agarrado el mundo con ese pie resbaloso que no has tocado. Hoy eres dios.


Bezos.

6:24 p. m.  
Blogger L e x dijo...

Yo creo que la locura del hombre representa aquel estado en el que uno sintiendo que ya habiendo perdido algo ya lo perdió todo, por ello se desnuda, se quita metódicamente la ropa, ya no necesita de su protección, se ve totalmente expuesto, vulnerable, solo y perdido, intenta volver a los brazos de un ser querido, la madre, quien quizás ni si quiera haya existido en ese momento ya, pero necesitaba al menos representar su figura.
Finalmente la historia me deja algo muy claro, ante lo incierto, el miedo y lo impensado que pueda naufragar en nuestras mentes, que queden siempre los deseos de ayudar y la buena voluntad ante todo, siempre será la mejor opción.
Me ha gustado mucho la historia.

6:42 p. m.  
Blogger Rosa dijo...

Buah, menudo final, menuda conclusión Romek!!! estremecedor. Hasta he podido escuchar el estallido del cuerpo contra el suelo.

Y esa forma de narrar la historia contando de que dos formas se puede narrar la historia me ha encantado. Esa mezcla de literatura y didáctica literaria, que bueno!!

Tras leer las ventajas de la polonización estoy todavía más contenta de haber sido polonizada :)

Sobre lo que comentas de la daga y ponerle color a la cinta, se lo podemos pedir a Ant que es mi artista gráfico preferido. Cuando quieras me lo dices y se lo comentamos.

Besoss

6:52 p. m.  
Anonymous Tonet dijo...

Un profe dijo una vez en clase: "La ausencia de lo que amas es el espejo de la demencia".
Ahí te meto la madre, la esposa, la cordura, la paz de espíritu...¿te imaginas perderlo todo a la vez?
Imagino que se me echarán encima, pero imaginándome lo que le esperaba, casi mejor así, te lo aseguro y sé de lo que hablo.
Sobre la última frase, la cual es sublime y cierra el relato con fuegos artificiales, pienso que es terrible pasar la última media hora de tu vida así...menos mal que se acabó pronto y lo digo por él; no crees?
Y...creo que hay dos cosas que hacen a un hombre tirarse por una ventana, la desesperación ...o la fe.
Pocalunec :)
Dobra noc Romek

12:16 a. m.  
Blogger Z dijo...

Muy bonito. Me recuerda al estilo de Tokio Blues de Murakami. Muy de contar las cosas en plan algo ha pasado y aún no sé bien el qué.

Aunque me intriga la manta. ¿Alguien tapo al cadáver?¿No estaba el hombre desnudo cuando estaba por las escaleras o aún durante su intento (finalmente logrado) de suicidio? ¿Cómo es posible entonces que el protagonista no haya visto entonces nada más de su anatomía que los hombros?

Preguntas que me surgen mientras me cuestiono en qué momento me convertí en el policía del relato.

12:43 a. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Eurice: Me alegra que te haya gustado :) Este sí es un hecho real de arriba abajo. Me tocó mucho. Sentí al vivirlo que era algo irreal e, incluso, me sorprendí a mí mismo un par de veces parpadeando más lentamente, como para limpiarme el ojo de las visiones irreales. Pero el hombre estaba ahí y sucedió.
Aina: Siento haberte dejado mal cuerpo :( Te mando un abrazo.
Thiago: Leí tu comentario esta mañana y creo que me subieron los colores hasta ahora jeje. Muchas gracias. Esta entrada y la de ayer son capítulos de la única novela que tengo publicada, La soledad de los decimales. No las he subido antes porque son más largas de lo normal y, según las estadísticas que hice hace un mes las entradas largas se leen menos. Pero creo que ahora no es así. Me alegro de poder resucitar por lo menos partes de esa novela que yace en el olvido. Un beso fuerte (ya tengo tu polonización preparada, tengo que hablar con Rosa para lo del título)
Hola, Lex, gracias por tu comentario. Dicen en psicología que es típico de una persona el desnudarse antes de suicidarse. El lo dejó todo bien plegadito coronándolo con su reloj. Quién sabe qué lo desordenó. Por lo visto es muy fácil que, de pronto, algo nos desordene y nos lleve a esa locura. Un abrazo. Me alegro de que te haya gustado :)
Rosa, gracias :) A veces relatar con dos cámaras está bien y te ahorra camino. Lo de los titulos de polonización me parece bien. Te mandaré un mensaje por el Facebook para hablar de eso. Besitos :)
Tonet: Hola. Sí, es muy posible que, de repente, perdiera todo o le ocurriera algo que su mente no fuera capaz de asimilar. Entiendo que la búsqueda de su madre fue un intento de volver a la matriz, de buscar protección, de volver a meterse en la placenta, separarse de todo aquello que no pudiera digerir y dejar que alguien le diera algún reposo. Quién más adecuado que la madre para eso? Un abrazo y dobra noc :)

1:05 a. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Hola, Z. El protagonista inicialmente sólo vio sus hombros a pesar de que estaba desnudo integral porque lo estaba viendo todo a través de una mirilla de puerta. Cuando el hombre atravesó la ventana y finalmente cayó al patio de luces llegó una ambulancia y le cubrieron con una manta. Cuando después llegó la policía, uno de ellos levantó la manta por una esquina hasta la cintura, reparando o rebozándose un poco en su miembro.
Gracias por el comentario, un besazo

1:11 a. m.  
Blogger theodore dijo...

Es que se queda uno espatarrao de gusto leyéndote, Romek. Combinas la urgencia con la reflexión, el misterio con la comedia, el retrato social afiladísimo con un ligero toque surreal... en fin, que eres realmente admirable, asombroso...GRANDE.

Besos.

1:17 a. m.  
Anonymous Tonet dijo...

Gracias pòr tu elocuente comentario, se ve que te lo pensaste jajajja.
No te preocupes, ya verás, cuando domines mi página mi informático (el polaco)habrá terminado la nueva y tendrás que volver a empezar.
Sobre lo de defender machistas, burkas ...etc; por ahí no paso, quita, quita...mejor búscame otra cosa ;)
La bella Eurice ha pasado por mi casa y me ha enseñado algo de polaco...estoy en ello...jeje.
Dzien dobry Romek

pd. estaría bien saber por qué estudio polaco...¿realmente eres polaco?

2:43 a. m.  
Blogger Bee Borjas dijo...

Este post es un cross en la mandíbula! Es la pintura fatal de la fragilidad del ser humano. El menudo equilibrio puede quebrarse en un microsegundo y TODO se distorsiona y no hay NADA que hacer. Ufff!!! Un post de la hostia! Un abrazo Romek!

3:24 a. m.  
Blogger Gary Rivera dijo...

Wow lo has vuelto a hacer! Me recordó una película donde la escena se repite desde un punto de vista diferente! Dependiendo de los protagonistas! Me gustan las interrupciones que haces, jejeje Los detalles en la descripción, agregando detalles a la narración! Me gusta!! Que real y que macabro, yo creo que el vecino que no ayudo estaba también un poco loco!

3:49 a. m.  
Blogger almalaire dijo...

Me gustó muchísimo. Es muy "cinematográfico": angustia, agota, duele, da miedo y hasta hace reir, la risa que provoca, duele un poco también. Abrazos.

12:50 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

Gracias, Theo, no puedo decir mucho más.
Tonet, es que cuando te he escrito comentarios más largos no me los cuela y me dan ataques. No sé cómo hacerlo. En cuantito te cambies de blog y acepte mis comentarios te lloverán porque escribes muy bien y me gusta tu estilo.
Un abrazo para ti también, Bee, muchas gracias :)
Hola, Gary jejeje, el vecino era yo pero un poco loco sí estoy jejej Un besazo
Gracias, alma, me alegro de que te haya gustado. Un abrazo para ti también :)

1:48 p. m.  
Blogger Merche Pallarés dijo...

¡Menudo colocón tenía el suicida! No estaba loco, estaba drogado y alucinado. Probablemente estaba en un muy mal trip de LSD... combinado con otras sustancias, claro. Lo siento, Romek, esta historia no me ha gustado. Besotes, M.

6:44 p. m.  
Blogger Romek Dubczek dijo...

No pasa nada, Merche, aprecio tu sinceridad :)
Un besote también

12:35 a. m.  

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